EL PARTO

la cultura del parto

la cultura del parto

Cuando pensamos en un parto, a menudo tenemos una idea preconcebida, dónde el hospital y los médicos tienen todo el protagonismo, ellos se encargaran de traer al mundo al bebé. Esto es así ya que la generación que damos a luz hoy en día, hemos vivido esto en nuestro entorno, con nuestros familiares cercanos y amigos. Incluso culturalmente, en nuestro país, ésta es la normalidad, dado que nuestras madres y posiblemente nuestras abuelas, también lo han vivido así.

 

¿Pero que pasa si echamos la vista atrás, a los años 40 o 50? Hasta ese momento, el protagonista del parto no era el médico, eran la madre y su bebé. La madre afrontaba el momento del parto como un momento propio del que se hacia responsable, conociendo sus capacidades como mujer, igual que las de sus hermanas, madres, tías y abuelas.

 

Si abrimos un poco nuestra visión, y miramos fuera de nuestro entorno, veremos que no hace falta echar la vista atrás tantos años para continuar observando mujeres que siguen creyendo en su cuerpo y en su capacidad para dar a luz, hoy en día sigue siendo así en muchos países. Y no hablamos del tercer mundo, sino de países europeos desarrollados, tanto o más que nosotros (como p.ej. Holanda, donde las mujeres acuden al hospital sólo en casos de embarazos de riesgo).


el parto hoy en día

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La medicina ha avanzado mucho en lo que asistencia al parto se refiere, y gracias a ella, la mortalidad de madres e hijos se ha reducido considerablemente.

Nos preguntamos entonces, ¿porqué hoy en día se tiende más a no medicalizar tanto el proceso de parto? Esto se debe a que se ha comprobado que un exceso de medicalización en los partos normales (es decir, los que no requieren de la misma), llegan a dar más complicaciones que beneficios para la madre y el bebé.

 

Uno de los grandes inconvenientes del exceso de medicalización en el parto, es la sensación de insatisfacción de madres y padres durante el proceso, ya que se pueden llegar a sentir meros observadores, títeres sin capacidad de opinión ni decisión sobre su cuerpo y el de su bebé.

 

Así pues, si las mujeres recuperamos la creencia en nuestra capacidad de dar a luz a nuestros bebés, podremos ser partícipes del parto, tomando decisiones que nos hagan sentir cómodas y disfrutar de la vivencia.