problemas miccionales en niños y niñas

¿Cuándo tiene nuestro/a hijo/a un problema urinario? ¿Es normal que se le escape el pipí? ¿Qué podemos hacer?

 

Los bebés, al nacer y durante los primeros años de vida, orinan mediante un mecanismo fisiológico que desaparece a medida que su sistema nervioso va madurando y el/la niño/a adquiere el control voluntario de los esfínteres. Hoy en día sabemos que esta maduración puede tardar hasta 5 años en ser completa, es decir que no podemos catalogar de "problema miccional" aquel que presente un niño menor de 5 años de edad.

La falta de información de los padres al respecto, y las prisas sociales por conseguir que el/la niño/a consiga ser continente en la guardería o antes de la edad escolar, pueden ser un factor desencadenante de un problema posterior real. El/la niño/a puede verse envuelto en una situación de presión del entorno, con exigencias que no pueda satisfacer debido a la inmadurez fisiológica de su sistema urinario, y el no poder controlar la continencia tal y cómo se espera de él/ella puede desencadenar una respuesta negativa según el/la niño/a en particular.

Resulta por tanto especialmente importante el realizar un correcto acompañamiento, adaptado a los ritmos y capacidades de cada niño/a en particular, sin someterles a las exigencias socio-culturales para permitirles así, establecer unos patrones miccionales saludables y evitar factores desencadenantes de patologías de la micción.

 

En niños/as a partir de 5 años de edad, donde se haya instaurado un problema miccional, los adultos debemos ser muy cautos antes de someterlos a cualquier tipo de tratamiento, valorando muy bien los pros y contras del mismo, y tomando siempre como elección prioritaria los tratamientos no invasivos.

Algunos de los principales problemas que podemos encontrar en niños son las infecciones urinarias, la incontinencia urinaria o la enuresis (incontinencia urinaria nocturna). En algunas ocasiones, estas patologías urinarias pueden ir asociadas a problemas de estreñimiento o encopresis (incontinencia fecal).

 

Existen técnicas de valoración poco invasivas como son la ecografía abdominal, algo más invasivas como la flujometría electromiográfica, o muy invasivas como un estudio urodinámico completo con sondaje vesical.

 

Es importante evitar este último en la medida de lo posible, ya que los estudios demuestran que en muchas ocasiones el tratamiento conservador consigue la remisión del problema sin necesidad de haber realizado un estudio urodinámico completo previo, y éste puede tener un efecto negativo en el/la niño/a a nivel psicológico. Tanto es así, que en caso de que sea imprescindible, se recomienda realizar un estudio psicológico para valorar si el niño/a será capaz de gestionar una prueba diagnóstica de ese tipo.

 

En cuanto al tratamiento, la práctica clínica demuestra que a menudo es suficiente con una terapia de fisioterapia conservadora, basada en dar a la familia información detallada acerca del problema en sí, realizar un seguimiento de los hábitos miccionales, revisar la dieta e ingesta de líquidos diarios, establecer una serie de pautas saludables, y, en caso necesario, la realización de algún tratamiento específico no invasivo en consulta.

 

Es importante valorar cada caso en particular, ya que un mismo síntoma clínico, como por ejemplo la incontinencia urinaria, puede tener diferentes orígenes y por tanto distintas vías de abordaje. Lo más recomendable es ponerse en manos de un profesional y enfrentarse al problema todo el conjunto familiar, no tratar al niño/a de forma aislada.